Robando Belleza

Archive for agosto 2011

Si el otro día les hablaba de un texto al que dio vida la actriz Keira Knightley, hoy quiero aprovechar para hablar de ella misma, una de las actrices más guapas y talentosas del panorama actual.

Nacida el 26 de marzo de 1985 en Londres, Keira Christina Knightley es hija del actor Will Knightley y la dramaturga Sharman McDonald. Ya desde pequeña mostró su interés por el mundo de la interpretación y se dice que con sólo 3 años pidió a sus padres que le buscaran un representante. Por ello no es de extrañar su temprano debut ante las cámaras, con apenas 10 años en una producción británica para la televisión.

Su primera aparición en cine se produciría en 1999, con un breve papel en “La amenaza fantasma” como sirvienta del personaje de Natalie Portman, cuyo parecido con la actriz israelí era explotado para hacer de doble suya en una escena.

Tras algunas producciones televisivas, su siguiente papel en cine sería en la película “The Hole”, donde ya tuvo la oportunidad de conseguir un rol que llamara la atención. En este filme daba vida a una adolescente ligera de cascos y que no tenía reparo en protagonizar escenas de desnudo a pesar de tener sólo 15 años. Esa fue la primera vez que la ví y ya se me quedó grabado su nombre.

En 2002, Keira logró otro papel de relevancia en la película “Quiero ser como Beckham”, un filme de gran éxito en las islas británicas al mostrar la peripecia de dos muchachas que buscan abrirse camino en el mundo del fútbol. En ese año, intervendría en otras cintas inglesas como “Pure” o una nueva versión de “Doctor Zhivago”.

En 2003 lograría la fama internacional con su intervención en “Piratas del Caribe”, junto a Johnny Depp y Orlando Bloom. Fue por entonces cuando tuve una gran decepción con la muchacha, por haber participado en una película que a mí me resultó odiosa y por los rumores que empezaron a surgir de que su delgadez se debía a la anorexia. Reconozco que pensé que me encontraba ante la clásica petarda que iba a acabar protagonizando películas de medio pelo y la cogí manía durante un cierto tiempo.

Tras unas apariciones en “Love actually” y “El rey Arturo” que acrecentaron su fama, Knightley dio el do de pecho en 2005 con “Orgullo y prejuicio”, una nueva versión de la obra de Jane Austen. En esa cinta dio vida a Elizabeth Bennett en la que a mi juicio es su mejor intepretación hasta la fecha (y que le sirvió para recibir nominaciones a varios premios, incluidos los Oscar). La estupenda película y su estupenda actuación hizo que me reconciliara con ella y la viera con posibilidades de ser algo más que una simple cara bonita.

Tras su aparición en “The Jacket”, “Domino” y las secuelas de “Piratas del Caribe”, Knightley intervino en “Expiación”, otro de sus títulos emblemáticos. Aunque la película no me convence del todo, la destaco porque aquí Keira luce más bella que nunca. Bien es cierto que la muchacha es muy guapa y siempre está hecha un primor, pero en “Expiación” logró cautivarme (“The Jacket” es la otra peli en la que la encuentro radiante, aunque ahí en una apariencia más oscura).

Tras encadenar apariciones en filmes de época de escasa repercusión como “Seda”, “La duquesa” o “En el límite del amor” (es curioso el gran número de papeles de ese tipo que ha interpretado hasta la fecha, quizá por esa belleza tan suya, aplicable a cualquier época), Knightley se tomó un respiro en el cine y aprovechó para hacer algunos cortos, campañas publicitarias y apariciones en el teatro.

En los últimos meses ha vuelto a trabajar con fuerza y ahora está estrenando los frutos de aquello. Después de las interesantes “Nunca me abandones” y “Sólo una noche”, pendientes de estreno se hallan “London boulevard” y “A dangerous method”.

Aparte de por sus buenas dotes interpretativas, logré superar mis reticencias con la muchacha por su actitud vital, que dista mucho la de ser una muchacha engreída. En varias entrevistas suyas la he visto ser consciente de que éste es su momento y que posiblemente pasará, además de reconocer mil y una veces que su figura no se corresponde a trastornos alimenticios. Viendo imágenes de sus primeros años y de ahora, parece ser que el tiempo la ha redondeado un poco más y que su delgadez parecía ser la de un cuerpo adolescente que todavía se estaba formando.

Queda claro el interés que despierta la actriz británica en este blog y espero que en el futuro sigan dándole oportunidades para que siga dándonos buenas interpretaciones. Yo creo que su actuación estelar, esa que vale toda una carrera, aún está por venir. Con 26 años aún tiene tiempo de demostrar muchas más cosas.

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En la entrada de hoy he querido reproducir un fragmento de la novela “Expiación”, de Ian McEwan, que refleja ese tópico del “no sé que ponerme” que dicen que muchas veces asola a las mujeres y que me hizo gracia por cómo trata la situación. El personaje que duda y se acaba poniendo un vestido verde es el que encarnó Keira Knightley en la adaptación al cine del citado libro, de ahí su elección como imagen de esta entrada. Y para mi gusto, el vestido le queda de maravilla.

“Dos veces, en el curso de media hora, Cecilia salió de su dormitorio, se contempló en el espejo de marco dorado que había en la cima de la escalera e, inmediatamente descontenta, volvió a su ropero para repensarlo. Su primera elección había sido un vestido negro de crepé de China cuyo corte inteligente, según el dictamen del espejo del tocador, le confería una cierta severidad de forma. El tono oscuro de sus ojos resaltaba el aire invulnerable que prestaba el vestido.

En lugar de compensar este efecto con un collar de perlas, en un momento de inspiración optó por uno de azabache puro. Diversas inclinaciones de la cabeza, para captar perspectivas en tríptico, la persuadieron de que su cara no era demasiado larga, al menos no esa noche. La esperaban en la cocina para que sustituyera a su madre, y sabía que León la estaba esprando en el salón.

No obstante, encontró tiempo, cuando estaba a punto de salir, para volver al tocador y aplicarse perfume en la punta de los codos, un toque travieso, acorde con su estado de ánimo, cuando cerró tras ella la puerta del dormitorio.

Pero la mirada pública del espejo de la escalera, cuando se precipitó hacia él, reveló a una mujer que se dirige a un entierro, a una joven, además, austera y triste, cuyo caparazón negro presentaba afinidades con alguna clase de insecto prisionero en una caja de cerillas. ¡Un ciervo volador! Era su yo futuro, a los ochenta y cinco años, con su luto de viuda. No se demoró; dio media vuelta y entró de nuevo en su cuarto.

Era escéptica, porque sabía las jugarretas que gastaba la mente. Al mismo tiempo, la suya estaba centrada en el sitio donde iba a pasar la velada, y tenía que encontrarse a gusto consigo misma. Se despojó del vestido de crepé negro, que cayó a sus pies, y en tacones y ropa interior inspeccionó las posibilidades que ofrecían las perchas del ropero, consciente de que transcurría el tiempo.

Detestaba la idea de parecer austera. Quería sentirse relajada y, a la vez, reservada. Ante todo, quería dar la impresión de no haber estudiado su apariencia en absoluto, y eso requería tiempo. ¿Cómo podía pararse a pensar?

Recorrió con una mano los pocos centímetros de historia personal, la breve crónica de sus gustos. Allí estaban los vestidos modernos de su adolescencia, que ahora le parecían ridículos, mustios, asexuados, y aunque uno ostentaba manchas de vino y otro el agujero de una quemadura de su primer cigarrillo, no tenía valor para desprenderse de ellos.

Allí estaba el vestido con el primer indicio tímido de relleno en los hombros, y había otros más afirmativos, musculosas hermanas mayores que se deshacían de los años juveniles, redescubrían talles y curvas y alargaban dobladillos con un desdén autosuficiente por las esperanzas de los hombres.

Su adquisición más reciente y selecta, comprada para celebrar la conclusión de los exámenes finales, antes de conocer sus deprimentes notas, era el traje de fiesta verde oscuro cortado al bies, que ceñía la figura y descubría la espalda. Demasiado elegante para su primera ocasión social en casa. Introdujo la mano más adentro y sacó un vestido de moaré, con corpiño plisado y cenefa con festones: una elección segura, pues era de un rosa lo bastante apagado para ser usado por la noche.

Así lo dictó el triple espejo. Se cambió de zapatos, trocó el azabache por las perlas, retocó su maquillaje, se arregló el pelo, se aplicó un poco de perfume en la base de la garganta, ahora al descubierto, y en menos de quince minutos estaba de nuevo en el pasillo.

Tal vez hubiese ahora una luz más cruda en lo alto de la escalera, porque nunca había tenido problemas con aquel espejo. Incluso al acercarse desde una distancia de alrededor de un metro y medio, vio que no le daría luz verde: el rosa era, de hecho, de una pálida inocencia, el talle era demasiado alto, el vestido llameaba como el atuendo festivo de una niña de ocho años. Al acercarse más, vio delante a la niña que había sido quince años antes. Se detuvo y, a modo de experimento, levantó las manos hacia los lados de la cabeza y se formó en el pelo dos coletas. Aquel espejo debía de haberle visto bajar la escalera docenas de veces, cuando iba a media tarde hacia otra fiesta de cumpleaños de una amiga.

Volvió a su habitación, con más resignación que ira o pánico. Las cosas conocidas no eran sino continuaciones, variaciones del modo en que se había visto y se había sentido todo el día. Además, sabía lo que tenía que hacer y lo había sabido en todo momento. Sólo tenía un vestido que le gustaba y era el que debía ponerse.

Arrojó el vestido rosa encima del negro y, pisando desdeñosa las prendas en el suelo, cogió el vestido de fiesta, el verde sin espalda que había estrenado después de los exámenes. Mientras se lo ponía aprobó la caricia firme del corte al bies de la seda de la enagua, y se sintió grácilmente inexpugnable, escurridiza y segura; fue una sirena la que se alzó para recibirla en el espejo de cuerpo entero.”

En la entrada de hoy les quiero hablar de una joven actriz que está ascendiendo en el escalafón de las celebridades a toda marcha y que viene demostrando tener buenas cualidades como intérprete, además de una indudable belleza. Me refiero a Blake Lively.

Nacida el 25 de agosto de 1987 en Los Ángeles, Blake Christina Lively creció en una familia dedicada al mundo del espectáculo, siendo su padre actor y su madre buscadora de talentos y con todos sus hermanos dedicados a la actuación. No es de extrañar que haya terminado por ese camino, aunque ella misma ha declarado que de pequeña no quería ser actriz y que se fue convenciendo con el paso de los años. Exceptuando un breve papel en la película “Sandman”, cuando apenas tenía 10 años, Lively debutó en el cine en la película “Uno para todas” con 17.

Precisamente “Uno para todas” (que cuenta la historia de un grupo de chicas que comparten unos pantalones que los acompañan en sus diversas vivencias) fue la primera vez que ví a Lively. Ví la película con el interés de ver a Alexis Bledel, a la que conocía de “Las chicas Gilmore” y me quedé interesado por esa chica rubia de piernas kilométricas que en el filme daba vida a una deportista. Sin embargo no volví a saber de ella hasta unos años después.

Fue el año pasado cuando la volví a ver, dando vida a una adolescente rebelde en la recomendable “La vida privada de Pippa Lee”, ella era la Pippa del título que en la edad adulta era interpretada por la etérea Robin Wright. Meses después volví a ver a Blake en un breve papel de madre soltera en “The Town”, donde demostraba que también podía dar vida a una mujer de clase baja. Mientras tanto, ella se había labrado la fama por su papel de Serena van der Woodsen en la serie “Gossip girl”.

De este modo, Blake Lively ha conseguido convertirse en una de las actrices más prometedoras de su generación y tampoco le han faltado ya algunos escarceos con la prensa del corazón, como parece que les toca a las celebrities. Por un lado, se han filtrado unas fotos suyas desnuda ante un espejo que fueron publicadas por un hacker que pirateó su IPhone. Además ha sido vista en los últimos meses en compañía de Leonardo DiCaprio y se especula con una relación de ambos actores, aunque no han hecho el tradicional posado en acto oficial que parece ser la confirmación en estos casos de que se ha formado una pareja.

“Gossips” aparte, he querido destacar a Blake Lively por sus buenas maneras como actriz, su belleza y su encanto (he tenido la oportunidad de ver algunas entrevistas suyas y la muchacha es muy natural y simpática). Ahora tiene en cartel la peli “Green Lantern”, donde interpreta a la chica del protagonista y prepara nuevos capítulos de la serie que coprotagoniza. El tiempo dirá si la chica es producto de temporada o ha venido para quedarse, aunque yo apostaría por lo segundo.

Si el otro día les hablaba de Brigitte Bardot, hoy vuelvo a reincidir en ella para mostrar algunas imágenes de la película que la dio a conocer entre el público de todo el mundo. El filme es “Y Dios creó a la mujer”, que en 1956 dirigió Roger Vadim, marido por aquel entonces de la intérprete. La película en si vale poca cosa, realizada para mostrar los encantos de la actriz, que se muestra sugerente a lo largo del metraje sin llegar a enseñar nada (eso lo haría años después en “El desprecio”, como vimos el otro día).

Parte de su éxito vino también dado por el escándalo que originó por su carácter sugerente, que provocó la censura en muchos países y que los pacatos de turno se llevaran las manos a la cabeza. La mujer salía entonces en el cine tapada hasta el cuello, de tal modo que enseñar algo de pierna ya era toda una audacia, con lo que los desnudos insinuados de la Bardot levantaron los ánimos para bien y para mal. Algunos han interpretado la peli como preludio de los movimientos de liberación de la mujer de los años 60, que trataba de quitarse de encima los corsés de una sociedad machista. Otros la ven como la obra de un “voyeur”, extasiado con la curvilínea figura de la rubia actriz.

De cualquier modo, la película es todo un canto a la belleza y sensualidad de Brigitte Bardot y por ello he decidido hacerle un hueco en el blog.



  • Ninguna
  • jm: jajaja, la proxima vez hazlo...total son tan parecidas que con una foto de una de ellas tendrías las dos! ;)
  • garcigomez: Se da un aire en ciertas fotos, sí, con el aire melancólico sobre todo
  • Lauphney: Se parece a la cantante Meja: https://www.google.es/search?q=meja&rls=com.microsoft:es&oe=UTF-8&startIndex=&startPage=0&um=1&i

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